jueves, 27 de septiembre de 2012

“La Iglesia Católica no es la única homofóbica”


Por Matías Pérez Ibarguren                                                                                       
Oscar Miñarro representa una visión autocrítica dentro de la Iglesia Católica. Sacerdote de una parroquia de Merlo, descubrió su vocación en su vínculo con un grupo de obreros de la fábrica en la que trabajaba cuando era joven. Según él, las religiones  “hemos adormecido a la gente y la hemos domesticado en su vínculo con Dios”. Habla del rol actual de la religión, advierte el fenómeno de las iglesias evangelistas diciendo que “no es una superación del catolicismo, es un adoctrinamiento peor todavía con una fachada de aplausos y de participación” y se opone a la posición del episcopado argentino con respecto a la reforma del código civil.

¿Qué potencialidad ves en la religión, en la fe, en la creencia como para trabajar desde ahí?
Yo veo mucha. El problema grande es que las religiones en general se fueron encerrando muy en si mismas y fueron cuidando más la parte dogmática, el cuidado de las tradiciones, el cuidado de lo celebrativo, las formas por sobre el verdadero sentido que tiene lo religioso. Estos días estaba leyendo una cosa muy interesante acerca de la historia de las religiones: antes que se generen las grandes ciudades los seres humanos tenían necesidad de lo religioso pero no tenían necesidad de la religión. Había un vínculo directo con Dios. Después, cuando fueron surgiendo, las grandes religiones se encargaron de administrar esa relación, ese vínculo de la gente con Dios. Entonces hemos como adormecido a la gente y la hemos domesticado en su vínculo con Dios de esa manera. Yo estoy totalmente en desacuerdo con ese estilo de religión. Yo trabajo mucho con una religión que muestre más que nada un vínculo con Dios que ayude a pensar qué quiero para mi vida, que no tengo que resignarme a los sufrimientos, a una vida chata, que humanamente me merezco un montón de cosas. Me parece que lo religioso tiene que acompañar muchas veces algunos procesos liberadores que tienen que ver con esto que yo le llamo el sentido de la vida.
¿Qué lugar tiene en vos la duda?
Para mi no existen las certezas. Yo voy haciendo camino. Y las certezas a veces son pequeñas. Yo personalmente no tengo duda de la existencia de Dios, tengo dudas de cómo se manifiesta a veces, es muy misterioso. A medida que pasan los años lo encuentro más misterioso, o es la palabra que encuentro para expresar lo que es Dios. Me gustaría que fuese mucho más claro a veces. No podés pensar en Dios sin el hombre como no podés pensar el hombre sin la trascendencia, después vos le ponés el nombre que quieras, yo le llamo Dios. Como los dos nos vamos haciendo, cuando yo digo en qué Dios creo también me tengo que preguntar en qué hombre creo. Cuando vos a mi me preguntás si yo dudo de Dios, también me tengo que preguntar ¿dudo del hombre? Según el Dios en el que yo crea es el hombre en el que creo. Si creo en un Dios que resuelve todo por mí, estoy creyendo en un hombre esclavizado y sumiso que tiene que estar dependiendo.
¿Es pesimista tu mirada con respecto al rol actual de las religiones?
Mmm… qué difícil… sí, soy pesimista (ríe). Soy pesimista en dos sentidos: los templos cada vez van a estar más vacíos en la medida que muestren a un Dios lejano. Y los templos cada vez van a estar más llenos en la medida en que presenten un Dios que manipula a la gente como si fuesen títeres.
¿Va a estar más lleno?
Sí, porque así como hay mucha gente que está buscando abrir su mente, abrir nuevos caminos, buscando ser forjadores de su historia y de la historia, hay mucha gente que le mete miedo esto y lo que tiene el tema de las religiones es que son muy manipuladoras de la conciencia. Entonces es más fácil que te digan qué hacer a que alguien te pregunte “¿vos qué creés que tenés que hacer?”. Las iglesias evangélicas, por ejemplo, que están muy llenas. Hay mucha gente que cree que es un fracaso del catolicismo, pero tampoco es una superación del catolicismo, es un adoctrinamiento peor todavía con una fachada de aplausos y de participación. Me preocupa porque también hay una mirada muy economicista de la cuestión: cuanto más aportás, Dios más te va a dar.
Yendo a una cuestión un poco más coyuntural, ¿Vos estás en contra de la posición del presidente del episcopado argentino de oponerse a las modificaciones del código civil?
En el modo en que lo hace sí. Después hay cosas que me generan duda. La otra vez escuché alguien que hacía un silogismo un poco tramposo. Decía: lo civil es distinto a lo religioso. Y después decía que lo civil tiene que ver con  lo técnico-científico. Pero por ejemplo con el tema de los embriones, estás en un teme filosófico, no meramente científico. Yo creo que si nos planteamos la pregunta de cuándo un embrión tiene vida, estás en un tema filosófico. Lo que podemos plantear es que en filosofía no existe una verdad absoluta. Que lo que existe son preguntas que generan distintas respuestas y que todas pueden ser aceptables en la medida que la justifiques. Pero ¿quién puede decir si el embrión tiene vida o no? Yo creo que ni el religioso ni el científico, queda en una cosa muy compleja.
Por ejemplo con el tema del matrimonio igualitario con el cual la jerarquía de la Iglesia se opone, desde este lugar en que decís que las leyes no tienen que ser prohibitivas, ¿vos estás a favor de que se avance en legalizar esto?
Sí, estoy a favor. Además, si yo digo que no se promulgue el matrimonio igualitario, ¿va a dejar de existir por eso? No, va a existir igual. Entonces, si existe la situación, ¿no tengo que favorecer que esa situación sea de dignidad para las personas que la están viviendo? ¿Que favorezcan una inserción mayor en toda la sociedad? Y yo, como Iglesia, ¿no puedo hacer sentir también que Dios acompaña esa situación?
Arancedo se opone diciendo que el matrimonio debe ser entre dos sexos diferentes por la complementariedad natural del hombre y la mujer…
Si él hace un planteo filosófico es comprensible desde lo filosófico. Puedo estar o no estar de acuerdo, pero si yo me pongo en la misma posición rígida estoy siendo igual que él. El riesgo de estas discusiones es la intolerancia en general. Yo culpo a Arancedo de intolerante y lo lleno de epítetos descalificativos que muestran mi intolerancia. En esas cosas no negocio: si soy tolerante soy tolerante, y si no, no. Es otro pensamiento distinto, justificado. Lo que no acepto es que ese pensamiento se imponga para todos.
En ese sentido podríamos decir que se está avanzando en grados de tolerancia porque, por ejemplo, se reconoce el derecho a casarse a personas del mismo sexo…
Si, claro… Yo he charlado con muchas personas que me han venido a manifestar su homosexualidad y algunos con dolor, con preocupación, con incomprensión socio-religiosa. Porque a la hora de ser realistas, ¿la Iglesia sola es la única homofóbica? ¿O si vos viajás en el Sarmiento y decís que sos homosexual te van a aplaudir y te van a felicitar? ¿La tele es abierta o todavía se siguen riendo de los que son afeminados? Y cuando vas de viaje de egresados, ¿no hay uno que siempre se termina vistiendo de mujer como cosa graciosa? Entonces me parece que por un lado es lo que se va avanzando en materia de leyes y otra cosa que es muy importante es la concientización en general de la sociedad que falta bastante… como incorporación cultural me parece que vamos en camino, pero es un proceso que va a llevar mucho tiempo.


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